
Nuestra querida hermana Maria Lladó, medalla del Consell Evangèlic de Catalunya, ha pasado a la presencia del Señor.
Maria, inseparable compañera y esposa del pastor Octavi Abril, ha sido una mujer admirable en su seguimiento y compromiso cristiano. Su vocación de servicio al pueblo de Dios y su compromiso con los menos favorecidos de nuestra sociedad ha brillado con luz propia.
Su amor por la justicia del Reino de Dios la ha llevado a hablar de Jesús a cuantas mujeres, privadas de libertad, la han querido escuchar. Las ha amado, las ha escuchado, las ha ministrado y ha cuidado de sus familias en todo aquello que ha estado en sus manos.
Ha trabajado en equipo y, cuando se ha encontrado casi sola, ha seguido trabajando para atender las necesidades de las mujeres privadas de libertad.
Por donde ha ido ha dejado una retahíla de buenas prácticas, de testimonio cristiano, de amistad sincera y de corazón generoso dispuesto a servir sin esperar ninguna otra recompensa que la de encontrar un corazón atento a las palabras de Jesús.
Su compromiso con los demás ha estado el mismo que ha tenido con su propia familia defendiendo, cuando ha sido necesario, a pie de calle el que ha considerado justo.
Su amabilidad la ha llevado a ser una admirable anfitriona.
Recuerdo mi retorno a Menorca, después de unos años de no visitar la isla, donde Maria juntamente con Octavi han servido al Señor por muchos años. Su hospitalidad, acompañada de su generosidad, nos desbordó acompañándonos para conocer y visitar lo mejor de la isla.
Y es que así era Maria; daba lo mejor de sí misma para ser de bendición a la vida de los demás.
La suya ha sido una vida de servicio a los menos favorecidos, a quienes más sufren y a quienes más lo han necesitado.
Un servicio sin focos mediáticos ni propaganda en las redes.
Un servicio hecho desde el corazón y con el corazón.
Así era Maria Lladó.
Guillem Correa
Pastor Evangélico y Secretario General del CEC