Por qué soy cristiano cincuenta años después

Con este artículo no pretendo hacer un alegato intelectual de mi conversión a Cristo, ni mucho menos, solo pretendo explicarme brevemente y compartirles a corazón abierto mi humilde experiencia personal.

Yo soy un hombre común y corriente, como la gran mayoría de los mortales de este lugar llamado mundo. Nací accidentalmente en el Raval de Barcelona, mi padre era un republicano exiliado que retornó del sur de Francia para recoger a mi madre y mis hermanos en Murcia tras varios años desaparecido, pero cuando se proponía regresar de nuevo al que había sido su refugio en Nimes, a mis padres se les antojó realizar parada y fonda en Barcelona para visitar a unos amigos. Esta visita se prolongó en el tiempo, de tal manera que acabaron decidiendo establecer su residencia definitiva en la ciudad condal.

Por los aparentes azares del destino, yo nací en Barcelona a mediados del siglo XX, siendo el penúltimo de siete hermanos. Mi infancia no fue del todo feliz, debido a la ausencia emocional de un padre traumatizado por las penurias y horrores de la guerra civil española, razón que le indujo a refugiarse en la bebida. No obstante, mi madre trató de suplir a su manera las carencias de una familia que comenzó a descomponerse a marchas forzadas. Algunos de mis hermanos, desde su más temprana juventud, optaron por la mala vida y yo, un tanto fascinado por ese mundo sórdido, los convertí en mis héroes imaginarios.

La meva adolescència es debatia entre infinitat de temors i complexos que afectarien molt negativament el meu desenvolupament personal. A causa de la meva mala salut i de la desorganització familiar, amb prou feines vaig poder desenvolupar la meva formació escolar, abandonant l’escola prematurament. En definitiva, quan vaig deixar el col·legi, amb prou feines sabia llegir i escriure. Mentrestant, la meva joventut anava discorrent entre les colles de barri d’aquell temps, enmig de l’ambient inquietant del barri xinès barceloní. Per descomptat que tampoc no vaig ser un drogoaddicte empedreït, ni de bon tros, però consumia els coneguts «petards» de l’època per descobrir noves sensacions. Les discoteques, l’alcohol, les baralles i la meva desenfrenada vida estaven convertint-me en un candidat perfecte per avançar precoçment el dia de la meva mort. Interiorment, em sentia totalment buit i molt desorientat pel que fa a la meva vida. Per moments m’envaïa una sensació d’angoixa vital que em feia pensar en Déu i en l’eternitat, sense saber del cert de què anava la qüestió espiritual. Moltes vegades em lamentava de la meva brutícia moral i, de vegades, em preguntava a mi mateix quina mena de vida era la que estava vivint i en què vindria a parar tot el que m’embolicava al meu petit i conflictiu món.

Un día, un amigo cercano que había tenido serios problemas con la heroína, me habló de su experiencia con Dios y de su cambio de vida; y esto me llamó mucho la atención, por lo que decidí acompañarle un domingo a la iglesia evangélica a la que él asistía, en el otro extremo de la ciudad.

Recuerdo mi peculiar aspecto personal en aquel entonces, y el asombro que me causó conocer a aquella gente tan amable y encantadora en el otoño de 1972. Yo iba vestido con los pantalones acampanados de moda, una camisa satinada y floreada de cuello alto al estilo Elvis y mi melena beatle de la época; de pronto me pareció entrar en un mundo nuevo y totalmente desconocido para mí. Esa misma tarde, mientras escuchaba al predicador, me llegué a sentir totalmente concernido por lo que estaba hablando y horas más tarde le entregaba mi vida a Cristo, cenando en la casa de una familia evangélica, en el ensanche barcelonés, lo que supuso una auténtica revolución espiritual para mi vida.

A partir de aquel momento descubrí la alegría de ser cristiano y comencé a experimentar una transformación personal progresiva que afectó totalmente a mi estilo de vida, a mis valores, a mi cultura y a mis relaciones con la gente. De pronto me sentía tan feliz y emocionado por el cambio experimentado en mi vida que comencé a contárselo a mi familia, a mis amigos y a conocidos y desconocidos que me iba encontrando por el camino. El sentirme perdonado por Dios de tantas faltas, errores y pecados personales, me produjo una sensación de libertad realmente maravillosa que le dio una nueva dimensión a mi existencia.

Ya han pasado cincuenta años desde aquel momento tan especial y todavía me sigo emocionando por todo lo que Dios ha seguido haciendo en mi vida y en la de mi familia, a través de todo este tiempo. Aunque me incorporé tardíamente a la educación formal, sin embargo, pude tomar este maravilloso tren de la vida que me ha transportado por el mundo del periodismo y de la comunicación social, hasta hoy. También me siento muy honrado de poder desempeñar la labor de pastor evangélico, sirviendo junto a mi querida esposa a multitud de hombres y mujeres que han necesitado una voz amiga, facilitándoles todo el apoyo que nos ha sido posible.

Después de transcurrida más de una generación y a día de hoy, ya en el siglo XXI, me ratifico como un cristiano convencido y confeso por amor de Aquel que lo dio todo por mí, amándome incondicionalmente, dándome una nueva vida y también otorgándome por su pura Gracia, el impagable regalo de la vida eterna. A Dios sea la gloria, amén.

Julio Pérez
Pastor Evangélico

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